Aunque fueras un monstruo te querría. Dejaría que me atraparas entre tus garras y me arrastraras a la oscuridad. Te amaría siendo consciente de tu maldad, de tu naturaleza de la que no puedes escapar aunque lo intentes ocultar pese a que lo intentes reprimir, conmigo no haría falta. Amaría todo tu ser con tus pensamientos y la oscuridad que albergas en tu interior pese a no haber ni un sentimiento bueno. Descendería contigo a los infiernos, bajaría las escaleras que me llevarían a andar sobre brasas ardientes.
Muéstrame cómo eres. Muestra la oscuridad. La maldad. Tu pandemónium. El monstruo que eres ocultándote entre el resto de los seres mortales.
Si fueras un ser sin moral, violento al que le interesa la sangre que puede derramar un cuerpo si lo abres en canal, te amaría.
Porque nadie es un ángel. El diablo es un ángel. Todos tenemos nuestras luces y sombras. Y nadie puede decidir si se enamora del diablo. Pero puedo decidir si sucumbir a tus encantos, si que me engañes con tus sucios trucos, que me conviertas en una pecadora sin posibilidad de redención, que me conviertas en un peón en tu juego de ajedrez.
Decido que te quedes mi alma y la aceptes como yo acepto la tuya. Decido entregarte mi vida, morir contigo sin saber a dónde irían nuestras almas lo cual me resultaría indiferente mientras estuviéramos agarrados de la mano y yaciéramos los dos juntos a 6 metros bajo tierra. Porque un monstruo puede amar y ser amado.
Te querría aún sabiendo que tú eres mi asesino y yo tu víctima.
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