Un desván antiguo, vasto y polvoriento, bajo un tejado inclinado, repleto de baúles de madera oscura, espejos manchados y relojes parados, todo cubierto por una fina capa de telarañas plateadas. En el centro, una mecedora vacía se balancea levemente por sí sola, tallada en roble ennegrecido, con un cojín de terciopelo burdeos raído. Una única bombilla desnuda cuelga del techo, oscilando y proyectando una luz amarillenta e inestable que abre corredores de sombra entre los objetos. El ambiente es opresivo, cargado de polvo en suspensión. Composición cinematográfica en gran angular, cámara a nivel del suelo, profundidad de campo media que deja el fondo lentamente fuera de foco, realismo oscuro, textura casi táctil, como un fotograma de una película de terror gótico europea.

Historia de este desván encantado

Aún podéis huir, todavía no habéis cruzado el umbral pero si lo hacéis…nadie sale vivo de aquí.

El origen

Este desván habitado por seres cuya alma una vez tuvo forma, se encuentra en el interior de la Mansión de los Susurros en la calle Lugubria. Los sucesos que acaecieron en su interior provocaron el interés de la investigadora quien permanece en la casa encantada y os acompañará en toda esta experiencia.

No os voy a mentir. No es una persona muy cuerda, tiene pensamientos macabros, una obsesión por el terror desmedida y por todo aquello que pueda matar de miedo a una persona viva.

«Soy cabezota, maníaca y obsesiva. Los rasgos de los mejores escritores y de los asesinos en serie«

Una vieja máquina de escribir negra, de hierro pesado, con teclas gastadas y algunas letras borradas, reposa sobre un escritorio de madera arañada junto a una ventana abuhardillada. Las hojas amarillentas a medio salir están manchadas por lo que parece tinta oscura, derramada en formas que recuerdan símbolos arcanos. Detrás, el cristal de la ventana muestra una noche sin luna, con lluvia que resbala creando líneas distorsionadas. La única luz proviene de un flexo antiguo de metal verde, que ilumina con un círculo pálido la máquina y deja el resto del desván en penumbra. La atmósfera es inquietante, silenciosa, como si algo acabara de ser escrito. Toma cinematográfica en plano medio, con enfoque preciso en las teclas y un fondo suavemente desenfocado, estilo fílmico realista y sombrío.